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Carta de Navidad 2021

Sin esperanza todo se derrumba a nuestro alrededor y la vida pierde su belleza y su permanente reto de alcanzar nuevas metas. No es solamente que las cosas no vayan bien, sino que esta impresión se convierte en un cáncer que corroe todo lo que toca.
Creo sinceramente que el anuncio de la NAVIDAD (así con mayúsculas) es lo más revolucionario y la noticia más constructiva que podemos esperar y lo que más necesitan nuestros corazones, a veces tan cansados de latir y de sentir lo mismo. Lo resumiría en estas consecuencias:
 

  1. Este NIÑO nos recuerda que no estamos solos ni abandonados. 
    En Belén, en la figura de un NIÑO recién nacido hay una mano que nos agarra, nos sostiene y nos da seguridad. Nadie la va a vencer y si estamos allí bien sujetos, nadie ni nada podrá arrebatarnos la alegría y la paz, por muchos Herodes que aparezcan por el camino.

  2. En este NIÑO, aparentemente frágil, se recrea una nueva forma de estar en el mundo. Sus seguidores lo llamarán “ecclesia”, lo que significa una nueva manera de relacionarse: ser hermanos; una nueva visión de los bienes: la alegría de compartir. Los que quieran ser grandes deben hacerse últimos a través del servicio y la gratuidad. El hombre es  más grande cuando se convierte en criatura de Dios. Ahí está su originalidad y por tanto nadie puede atentar contra ella.

  3. Este NIÑO, entregado del cielo, nos invita a poner orden en nuestra vida, nos revela nuestra indefensión y nuestra grandeza, deshace las tinieblas del engaño, de la propaganda interesada, de la fugacidad de tantas estrellas de relumbrón que al final nos estrellan, de las falsedades que se quieren imprimir en los corazones como si fueran logros de libertad, alejada de la verdad de las cosas y que al final se convierten en tiranías ideológicas. ¡ESTE NIÑO ES LA VERDAD!, quizás por eso se entiende esa animadversión de ciertos ambientes hacia Él y lo que representa.

  4. Este NIÑO nos recuerda que hay Dios, que hay un solo SEÑOR que jamás puede el hombre suplantarlo o sustituirlo porque eso desencadena unas consecuencias que luego se pagan muy caras. 
    Que este Dios es un Dios de amor, de cercanía, de fidelidad eterna para sus hijos, que quiere nuestra liberación: “Levantaos, alzad la cabeza”, que ha apostado por cada uno de nosotros, y ha sellado su alianza contigo y conmigo en la persona de Cristo. Querer suplantarlo por el autobombo del hombre se convierte en un timo que nos deja indefensos y en manos de los poderosos, que son los únicos que salen ganando con esta suplantación.

  5. Este NIÑO nos habla de la importancia de la familia. Estos días vamos a sentarnos en una mesa con invitados que acogemos y que nos acogen, con abuelos y nietos, con hermanos y cuñados, con padres y suegros. Es en la comunión y en la mesa compartida donde se recrea y ensancha el corazón. Ciertamente, a pesar de nuestra pobreza, de nuestro pecado, la familia y el reto de construirla y recrearla es algo grandioso y debería ser el gran patrimonio de la humanidad.

  1.  Este NIÑO se hace hombre pero nos abre a lo ETERNO, que es la auténtica patria del hombre. Estamos sembrados de eternidad de Dios. Es verdad que nuestra vida aquí es el tiempo de cosecha y no de recoger el fruto. El hombre sin eternidad tiene el peligro de hacer eternas otras cosas: el dinero, la posición social, el cuerpo, la ideología. Todo esto pasa, caduca, tiene fecha de extinción. Somos peregrinos, nómadas, pero con patria, con destino, con un final feliz.


“Agárrate al NIÑO Dios, porque no da calambre sino una luz reveladora”; agárrate al NIÑO porque sus manos están limpias, no son traicioneras y están llenas de ternura; agárrate al NIÑO porque hace suyas tus lágrimas, tus sueños, tus oraciones; agárrate al NIÑO porque Él no traiciona, no te vende, sino que da su vida por ti”.


¡FELIZ NAVIDAD!
El equipo sacerdotal de Santo Tomás Moro

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