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VI Domingo del Tiempo Ordinario

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El fariseísmo en el pueblo judío fue un partido político-religioso que había concentrado todas sus energías en una especial insistencia en el valor eterno de la ley y su interpretación tradicional.

Eran altavoces de un rígido legalismo y en un esfuerzo por aplicar un código intangible a la vida que va adquiriendo formas nuevas, llegando a caer en el casuismo.

Al perder por alto el valor de un espíritu justo y recto perdieron todo sentido de la proporción y llegaron a dar la misma importancia a una pequeña ofensa que a una grave.

La actitud farisaica sigue siendo actual pues el legalismo encuentra en todas partes nuevos adeptos, devotos y secuaces y que al fingir virtud o devoción se convierte en tentación que acecha constantemente al hombre religioso.

Hay que superar toda actitud que busque únicamente la letra de la ley para cumplirla materialmente. Importa más vivir el espíritu del mandamiento que el mero cumplimiento externo y ritual.

La expresión “yo ni robo ni mato” es típicamente una expresión farisaica y demuestra que no se ha entendido el Evangelio. Podríamos concluir, sin riesgo a equivocarnos, que la verdadera ley es el prójimo, el otro, cercano o a quien me pueda acercar para hacer el bien.

El verdadero mandamiento es el amor, por eso la actitud fundamental de la fe es acercarse a todo hombre con el deseo de hacer el bien, de forma que progresemos más y mejor, según el espíritu del Evangelio.

Según este criterio desmenucemos el contenido que nos trasmiten las lecturas de este domingo VI del tiempo Ordinario, ciclo B.

En el libro del Levítico la ley sacerdotal defiende a la comunidad de la lepra, apartando al leproso para que no contagie pues la lepra es considerada como una impureza ritual, interpretándola como un castigo de Dios, o al menos que algo habría mal hecho cuando eso le ocurre. Por eso es el sacerdote quien dictamina sobre la segregación al descubrir la enfermedad.

La actitud de Jesús da la vuelta a ese comportamiento manifestando su autoridad sobre el mal o la enfermedad, dándole un sentido nuevo no proporcional: pecado=enfermedad, sino considerándolo sin responsabilidad personal. Así se acerca al leproso o el leproso viene a Él y ante la súplica responde positivamente con la curación, aunque mantenga la ida al sacerdote para que acredite la curación y por tanto, la vuelta a la comunidad. La lepra para Jesús es el pecado que nos aparta de Dios y de la comunidad, pero que el poder de Dios cura, sana, salva y nos devuelve la dignidad de miembros de la comunidad, la familia de Dios, la Iglesia.

El encargo insistente que Jesús da a los enfermos curados por Él de no divulgar la curación es debido al esfuerzo que Él hacía por evitar el culto a la personalidad y al triunfalismo. “El bien no hace ruido, ni el ruido hace bien”.

Resumir el espíritu de este domingo viene expresado por Pablo: “Contentar en todo a todos no buscando el propio bien sino el de los otros, para recibir la salvación de Dios”.

Ojalá como Pablo podamos decir: ¡seguid mi ejemplo como yo sigo el de Cristo!


LECTURAS DEL DÍA

Primera lectura

Lectura del libro del Levítico 13, 1-2. 44-46

El Señor dijo a Moisés y a Aarón:
«Cuando alguno tenga una inflamación, una erupción o una mancha en la piel, y se le produzca una llaga como de lepra, será llevado ante el sacerdote Aarón, o ante uno de sus hijos sacerdotes.
Se trata de un leproso: es impuro. El sacerdote lo declarará impuro de lepra en la cabeza.
El enfermo de lepra andará con la ropa rasgada y la cabellera desgreñada, con la barba tapada y gritando: “¡Impuro, impuro!”. Mientras le dure la afección, seguirá siendo impuro. Es impuro y vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento».

Salmo 31, 1-2. 5. 11

R. Tú eres mi refugio, me rodeas de cantos de liberación.

Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito
y en cuyo espíritu no hay engaño. R/.

Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R/.

Alegraos, justos, y gozad con el Señor;
aclamadlo, los de corazón sincero. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 10, 31 – 11, 1

Hermanos:
Ya comáis, ya bebáis o hagáis lo que hagáis, hacedlo todo para gloria de Dios.
No deis motivo de escándalo ni a judíos, ni a griegos, ni a la Iglesia de Dios; como yo, que procuro contentar en todo a todos, no buscando mi propia ventaja, sino la de la mayoría, para que se salven.
Sed imitadores míos como yo lo soy de Cristo.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 40-45

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas:
«Si quieres, puedes limpiarme».
Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo:
«Quiero: queda limpio».
La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente:
«No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».
Pero cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a él de todas partes.

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