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V Domingo de Pascua

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Servir es un honor, es la expresión más clara del amor.

Antes, cuando una persona se empleaba para trabajar en una casa decíamos que iba a servir; ella, interna o externamente se encargaba de los menesteres cotidianos de la casa y de esta forma todos sabíamos que era la servidora de la familia. 

Ahora, las llamamos empleadas de hogar, pero el contenido, aunque hayamos cambiado la denominación, es el mismo, porque el trato no ha cambiado en casi ningún caso.

Y es que, ha llegado a ser tan normal que no nos sirvamos, que la actitud de servicio sea tan poco vista, que tenemos que pagarlo si es que necesitamos ayuda. Se ha convertido el servicio, en un trabajo remunerado y poco querido.  Porque ponerse a servir espontáneamente a los demás ha quedado reducido a unos pocos; y hay que ser de corazón grande, fiel servidor de Aquél que pasó haciendo el bien, para considerar el servicio un honor y el acto o estilo de vida más grande, que se puede realizar por los hermanos necesitados.

Por todo ello, nos cuesta tanto entender los criterios evangélicos, que no pagar monetariamente el servicio, sino considerarlo como la manifestación más grande del amor, es ser fiel a Cristo, que nos recomendó amarnos, como distintivo de nuestro ser seguidores suyos.

Ese amor no se puede reducir a meras palabras, sino que ha de manifestarse en actos y actos de servicio.

Servir es vivir pendiente del otro, hijos, esposo-a, abuelos, necesitados, para procurar que sean felices, porque el amor es una preocupación mútua, en la que los que aman, están dispuestos a conllevar los trabajos de la vida, con ese amor que se expresa, en el servicio a cada uno, segun la situación que tiene.

La comunidad cristiana en el mundo, no tiene más sentido que ser, servidora de los hombres, de los que tenemos al lado, de aquellos a quienes nos podamos acercar, pero preferentemente de aquellos, a quienes no tienen quien les sirvan y por tanto están necesitados de nuestro cariño expresados en su ayuda.

La misión de la Iglesia es el anuncio de la salvación, impulsada por el amor al mundo, un amor servidor que se convierte en sacramento de salvación para quien sirve y además, en ocasión propicia de fraternidad para el servido.

Al organizarse las primeras comunidades cristianas, unas de palestina, más cerradas y otras procedentes de la emigración, eran tratadas éstas, como de segunda clase; y los apóstoles al oír las quejas, condenaron esa discriminación.

Pero fijémonos en algo muy importante: no remediaron el problema poniéndose ellos a administrar, sino que eligieron quienes lo hicieran, para ellos dedicarse al servicio de la Oración y la Palabra. 

De esta forma, la Palabra de Dios y el estilo de vida que se desprendía de esa Palabra iba creciendo y cada día se añadían los convertidos a Jesús.

No era privilegio propio, sino servicio total, valioso, y muy necesario para que las comunidades se mantuvieran unidas y fieles al Señor, piedra angular del edificio que juntos estaban construyendo.

Y es que, el itinerario del hombre hacia Dios, pasa necesariamente por Cristo. Este encuentro con Él, no va envuelto en un ambiente de producto deslumbrante, sino que Cristo se manifiesta a través de sus obras y esas obras son siempre respuesta a las necesitad de los hombres, por tanto, gestos de auténticos servicio.

Así mismo la Iglesia, en nombre de Cristo, debe continuar esas mismas obras, obras de servicio a todos, pero especialmente a los pobres, y esos serán serán los signos prodigiosos que la harán creíbles en nuestros mundo.

SERVICIO DE GRATUIDAD

Señor muéstranos al Padre, que nos descubra el Camino que eres Tú mismo, servidor de los hermanos.


LECTURAS DEL DÍA

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (6,1-7):

En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía a sus viudas. Los Doce, convocando a la asamblea de los discípulos, dijeron:
«No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos del servicio de las mesas. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea; nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra».
La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo; a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando.
La palabra de Dios iba creciendo y en Jerusalén se multiplicaba el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 32,1-2.4-5.18-19

R/.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti

Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas.  R/.

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra.  R/.

Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre.  R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro (2,4-9):

Queridos hermanos:
Acercándoos al Señor, piedra viva rechazada por los hombres, pero elegida y preciosa para Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción de una casa espiritual para un sacerdocio santo, a fin de ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Jesucristo.
Por eso se dice en la Escritura:
«Mira, pongo en Sion una piedra angular, elegida y preciosa;
quien cree en ella no queda defraudado».
Para vosotros, pues, los creyentes, ella es el honor, pero para los incrédulos «la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular», y también «piedra de choque y roca de estrellarse»; y ellos chocan al despreciar la palabra. A eso precisamente estaban expuestos.
Vosotros, en cambio, sois un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios para que anunciéis las proezas del que os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa.

Palabra de Dios

Evangelio del domingo

Lectura del santo evangelio según san Juan (14,1-12):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».
Tomás le dice:
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».
Jesús le responde:
«Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».
Felipe le dice:
«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».
Jesús le replica:
«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.
En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre».

Palabra del Señor

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