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VI Domingo de Pascua

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Confesar principios a los que estamos acostumbrados no suele crear ningún tipo de problema. No crea conflicto ni produce ningún tipo de malestar, sin embargo, sí provoca tensión y crisis el sacar las consecuencias de esos principios y exigir lo que se deriva de la acción de Dios, que fue quien nos dio los principios.

Así hoy, en este domingo VI de Pascua, en los Hechos de los Apóstoles, se nos propone el principio de que Dios no hace distinciones, acepta al que lo teme y practica la justicia, con independencia de la nación a la que pertenezca.

Estamos de acuerdo, pero entonces ¿por qué hacemos diferencia entre hombre y mujer? ¿Creyente cristiano o de otra religión? ¿Con una tendencia sexual u otra? ¿Judíos o paganos? ¿Circuncisos o sin circuncidar?

El Espíritu Santo, según el libro de los Hechos, se ha derramado sobre todos. ¿Quiénes somos nosotros, para negar y hacer distinciones sobre lo que el Espíritu Santo ha consagrado?

Lo que debe distinguirnos es el amor que nos debemos unos a otros, como el Padre nos ha amado.

  • Amor creacional.
  • Amor de salvación.
  • Amor de redención.
  • Amor de glorificación.

O lo que es lo mismo, amor que hace el bien a todos, aunque se tengan por enemigos, amor que libera a los otros de las cargas que les oprimen, amor que restaura y compensa la situación creada por culpa de nuestros pecados. En definitiva, amor que reconoce en el otro la dignidad que tiene como hijo de Dios que es y, por tanto, le trata como hermano.

El Padre nos ha elegido y no somos nosotros quienes para rechazar, despreciar o no reconocer al otro como hijo de Dios que es.
Educarnos y respetarnos unos a otros en el cumplimiento de la Ley de Dios nos hace, si la cumplimos, amigos del Señor y confidentes destinados a dar fruto de justicia y paz, de manera que se establezca firme en el mundo y podamos desde ya vivir conforme al proyecto que Dios tiene para todos.

Así mismo, nos recuerda San Juan en su Primera Carta que Dios es Amor, y si nos amamos somos de Dios, pero si no nos amamos es que no somos de Dios ni le conocemos, pues el amor es el distintivo de nuestra condición de cristianos.
En esto consiste el amor: en que Dios tomó la iniciativa, nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados. Así comienzan siempre las iniciativas de Dios con respecto al hombre: Él nos busca y nos ama. Después nosotros, desde nuestra libertad, correspondemos al amor de Dios o nos negamos a ello.

Sólo desde la respuesta positiva al amor de Dios podrá el hombre conocer algo del Señor.

La segunda parte de ese amor es tratar al otro como hermano y nunca como siervo o esclavo de distinta dignidad, sino procurar hacerlo de nuestra mejor condición.

El cuerpo partido de Jesús y su sangre derramada son los signos del mayor amor que se puede tener. Él ha entregado su vida. La Eucaristía es el signo visible del cuerpo de Cristo y es además el sacramento de la iglesia que se hace Cuerpo de Cristo por medio del amor de los unos a los otros.

¡Amémonos como Cristo nos amó!


Lecturas del día.

Primera lectura
Lectura de los Hechos de los Apóstoles 10, 25-26. 34-35. 44-48

Cuando iba a entrar Pedro, Cornelio le salió al encuentro y, postrándose, le quiso rendir homenaje. Pero Pedro lo levantó, diciéndole:
«Levántate, que soy un hombre como tú».
Pedro tomó la palabra y dijo:
«Ahora comprendo con toda la verdad que Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea».
Todavía estaba hablando Pedro, cuando bajó el Espíritu Santo sobre todos los que escuchaban la palabra, y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se sorprendieron de que el don del Espíritu Santo se derramara también sobre los gentiles, porque los oían hablar en lenguas extrañas y proclamar la grandeza de Dios.
Entonces Pedro añadió:
«¿Se puede negar el agua del bautismo a los que han recibido el Espíritu Santo igual que nosotros?»
Y mandó bautizarlos en el nombre de Jesucristo.
Entonces le rogaron que se quedara unos días con ellos.

Salmo 97, 1. 2-3ab. 3cd-4.
R. El Señor revela a las naciones su salvación.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R.

El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia.
Se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado
la salvación de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R.

Segunda lectura
Lectura de la primera carta del Apóstol San Juan 4, 7-10

Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.
En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Unigénito, para que vivamos por medio de él.
En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados.

Evangelio del día
Lectura del santo Evangelio según San Juan 15, 9-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.
Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.
Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.
Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca.
De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé.
Esto os mando: que os améis unos a otros».

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