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Domingo de Pentecostes

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No todo depende de nuestra sola fuerza. Sabemos el objetivo a conseguir, conocemos los medios a emplear, pero somos tan débiles que solos no conseguiremos el bien que nos proponemos y necesitamos la fuerza de Dios mismo, que es su Espíritu Santo.

Con San Pablo reconocemos: “Sé el bien que quiero hacer, pero hago mal; y sé el mal que no quiero hacer, pero caigo en él”. Y es que la obra de Dios que tenemos que realizar, no es algo ajeno a Dios, que exprese y se olvide de nosotros, sino que nos acompaña, realizando por nosotros, con su mediación, lo que es su voluntad desde siempre; el bien de nosotros sus hijos.

Así no nos deberíamos cansar nunca de invocar su Espíritu Santo:

¡Ven Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo!
¡Ven, descanso de nuestro esfuerzo!
¡Entra hasta el fondo del alma!
¡Riega la tierra en sequía!
¡Sana el corazón enfermo!
¡Lava las manchas!
¡Infunde calor de vida en el hielo!
¡Calma el espíritu indómito!
¡Guía al que tuerce el sendero!

¡Reparte tus siete dones: sabiduría, entendimiento, consejo, prudencia, fortaleza, piedad, y temor de Dios, para que produzcan en todos nosotros los frutos propios del Espíritu: caridad, gozo espiritual, paz, paciencia, bondad, benignidad, mansedumbre, fe, modestia, continencia y castidad!

Y es que el Espíritu Santo es el poder de Dios que trasforma la faz de la tierra. Es el Espíritu de amor, de alianza eterna. Por su fuerza y su don se realiza en la comunidad cristiana el sacramento del Cuerpo de Cristo y de la Sangre de la Nueva Alianza.

En la Eucaristía todos bebemos de un mismo Espíritu por cuya gracia hemos llegado a ser el Cuerpo de Cristo. Hay que evitar en los sacramentos toda apariencia de magia y hay que acudir más al Espíritu Santo en una actitud humilde y confiada.

Él es nuestro artífice renovador de la obra de Dios.

¡Ven Espíritu de Dios y renuévanos en tu Amor, para que hagamos posible el mandato del Señor!

¡Sed testigos hasta los confines del mundo!

 


Lecturas del Día

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 1-11

Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse.
Residían entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo. Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. Estaban todos estupefactos y admirados, diciendo:
«¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa?
Entre nosotros hay partos, medos y elamitas y habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros, tantos judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua».

Salmo 103, 1ab y 24ac. 29bc 30. 31 y 34

R. Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Cuántas son tus obras, Señor;
la tierra está llena de tus criaturas. R.

Les retiras el aliento, y expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu espíritu, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra. R.

Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus obras;
que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el Señor. R.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 3b-7. 12-13

Hermanos:
Nadie puede decir: «Jesús es Señor», sino por el Espíritu Santo.
Y hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común.
Pues, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.
Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

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