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IV Domingo de Cuaresma

Icono Homilias

CURACIÓN DEL CIEGO DE NACIMIENTO

Ciclo bautismal.

Objetivo: Renovación de nuestro bautismo.

IV_cuaresma(A)

Símbolos en el Evangelio: 

a) El pecado de los padres no lo pagan los hijos. El mal moral no se castiga con el mal físico. Dios no quiere ni es responsable de nuestro mal, sino que somos inteligentes, para descubrir y aprender cómo actuar, procurando evitar las consecuencias negativas que se puedan derivar, de nuestra actuación y potenciar lo que tengan de positivo.

b) Día y noche; luz del mundo = Día es el símbolo de la gracia; no importa lo que se hace de día, porque lo ve la gente; la noche es el símbolo de las tinieblas, la oscuridad, el mal, la no fe.

En la Biblia cuando es de noche es que hay falta de fe.

Judas, cuando traicionó a Jesús, salió del Cenáculo y dice el Evangelio: era de noche.

c) Tierra, saliva, agua, gesto de untar, lavarse en Siloé (Enviado) y volvió con vista.

Tierra = símbolo desarrollado el miércoles llamado de ceniza; somos polvo, tierra y en polvo nos convertiremos; pero eso que no es nada, con la saliva del Maestro, se convierte en fuerza, vida que cura; es Cristo quien nos sana, su gracia, su Persona.

El agua es el símbolo de la vida. Sin agua morimos; donde hay agua hay vida. Pero esta vida de Dios, nos llega preferentemente por medio del Enviado; (piscina de Siloé) que es Jesús mismo.

Volvió con vista, con fe; ¿quién es el que te ha curado? No lo sé: pues la fe no es sólo aceptación o declaración de principios intelectuales, sino objeto de vida: “lo que sé es que antes no veía y ahora veo No creía y ahora creo; he experimentado en el encuentro con Jesús, mi sanación y soy un hombre nuevo.

d) Los de alrededor dudan: siempre hay algún pretexto para no aceptar lo que es un hecho; y se duda hasta de la persona que ha recibido la luz de Dios, la vida.

Antes era ciego y ahora veo; lo que digan los demás, no importa; yo soy testigo del hecho de mi vida: que no veía y ahora, veo.

¿Cómo puede ser eso? Yo sólo sé que veo. Por mucho que insistan los demás, cuando uno ha tenido la experiencia del encuentro, le cuesta explicarlo, faltan palabras, pero no puede negar el hecho: ahora veo.

e) Justificante de algunos para seguir cerrados y no creer. Lo hizo en sábado y según la ley judía, estaba prohibido.

Hace falta estar muy ciegos para no entender que en el día de Dios, es el bien lo que hay que hacer.

f) Para creer en Dios y descubrirle, es necesario que el hombre se abra, que se moje, que se cuestione y que opte, porque la fe no es una conquista de nuestra razón, ni una deducción del pensamiento, sino un don que Dios concede aquellos que tienen el corazón abierto. Una vez que uno se encuentra con Dios se da cuenta de que Dios ya le había encontrado y buscado.

 g) ¿Crees en el Hijo del Hombre?  Cuando tiene la experiencia del encuentro, las palabras que lo explican, si no se saben, ya vendrán. Su respuesta fue: creo, Señor.

Jesús aprovechó y concluyó con la catequesis: “He venido a este mundo, para que los que no ven, vean, y los que creen ver, sean confundidos”

Si estuviérais ciegos, no tendríais pecado; pero como creéis ver, nuestro pecado persiste.

Conclusión: Este mundo creado por ciegos que creen ver, está expuesto a graves errores, El engaño más importante es creernos videntes. Por eso la salvación cristiana, realizada por Cristo, es presentada como Luz.

Hay una visión nueva, un modo más profundo de ver la cosas, cuya Luz nos viene de Dios por medio de Cristo. Él es la Luz del mundo que sana nuestra ceguera y nos descubre el verdadero sentido de la vida.

Hay que mirar en profundidad y no fijarnos de las apariencias; pues ahora, por Cristo, somos  Luz en el Señor.


LECTURAS DEL DÍA.

Primera lectura

Lectura del primer libro de Samuel (16,1b.6-7.10-13a):

En aquellos días, el Señor dijo a Samuel: «Llena la cuerna de aceite y vete, por encargo mío, a Jesé, el de Belén, porque entre sus hijos me he elegido un rey.»
Cuando llegó, vio a Eliab y pensó: «Seguro, el Señor tiene delante a su ungido.»
Pero el Señor le dijo: «No te fijes en las apariencias ni en su buena estatura. Lo rechazo. Porque Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia; el Señor ve el corazón.»
Jesé hizo pasar a siete hijos suyos ante Samuel; y Samuel le dijo: «Tampoco a éstos los ha elegido el Señor.»
Luego preguntó a Jesé: «¿Se acabaron los muchachos?»
Jesé respondió: «Queda el pequeño, que precisamente está cuidando las ovejas.» 
Samuel dijo: «Manda por él, que no nos sentaremos a la mesa mientras no llegue.»
Jesé mandó a por él y lo hizo entrar: era de buen color, de hermosos ojos y buen tipo. 
Entonces el Señor dijo a Samuel: «Anda, úngelo, porque es éste.»
Samuel tomó la cuerna de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. En aquel momento, invadió a David el espíritu del Señor, y estuvo con él en adelante.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 22,1-3a.3b-4.5.6

R/.
El Señor es mi pastor, nada me falta

El Señor es mi pastor, nada me falta: 
en verdes praderas me hace recostar, 
me conduce hacia fuentes tranquilas 
y repara mis fuerzas. R/.

Me guía por el sendero justo, 
por el honor de su nombre. 
Aunque camine por cañadas oscuras, 
nada temo, porque tú vas conmigo: 
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.

Preparas una mesa ante mí, 
enfrente de mis enemigos; 
me unges la cabeza con perfume, 
y mi copa rebosa. R/.

Tu bondad y tu misericordia 
me acompañan todos los días de mi vida, 
y habitaré en la casa del Señor 
por años sin término. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (5,8-14):

En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz –toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz–, buscando lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciadlas. Pues hasta da vergüenza mencionar las cosas que ellos hacen a escondidas. Pero la luz, denunciándolas, las pone al descubierto, y todo lo descubierto es luz. Por eso dice: «Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz.»

Palabra de Dios

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (9,1.6-9.13-17.34-38):

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).»
Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ése el que se sentaba a pedir?»
Unos decían: «El mismo.»
Otros decían: «No es él, pero se le parece.»
Él respondía: «Soy yo.»
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.
Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.»
Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.»
Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?»
Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?»
Él contestó: «Que es un profeta.»
Le replicaron: «Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?»
Y lo expulsaron. 
Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?»
Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»
Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.»
Él dijo: «Creo, Señor.» Y se postró ante él.

Palabra del Señor

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