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III Domingo del Tiempo Ordinario

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La Biblia nos dice que todo ha surgido por el poder de la Palabra de Dios.

A semejanza de la palabra humana, esta Palabra de Dios ha iniciado el diálogo en el mundo y se ha convertido en vehículo de revelación.

Es Palabra inicial que tiende necesariamente a ser proclamada siempre y en todo lugar y es Palabra terminal que cumple y realiza lo que anuncia. De ahí que la Palabra de Dios sea siempre Nueva y se escuche como “Buena Noticia”. Es Palabra que convoca a los hombres para que se reúnan, los edifica, los juzga y exige una continua conversión. Es Palabra que libera de oscuridades y desorientaciones, que ayuda a encontrar el sentido de la vida y que abre el corazón del hombre a la esperanza.

Proclamar esta Buena Noticia de la salvación exige muchas veces evitar las palabras dulces que proclaman situaciones engañosas por intereses económicos, políticos o religiosos. Por el contrario, hablar con claridad comprometida despierta la conciencia de los oprimidos y marginados, promoviendo la legítima libertad y el necesario diálogo.

El Evangelio es la Palabra Nueva de cada día, la Palabra liberadora que cura, salva y nos convierte.

Así, Jonás oye la Palabra del Señor y le invita a ir a Nínive para predicar la conversión del pueblo. ¡Qué contrariedad pensó Jonás! Y como nos sucede con frecuencia a todos, se va a otros quehaceres. Las circunstancias le hacen ver que pierde quien desoye la Palabra y no le queda otra que hacer caso. Las consecuencias que se derivan de esa actitud fiel son muy ricas, el pueblo se convierte y sirve al profeta para recibir de Dios el anuncio de la Resurrección al tercer día.

Pablo en su carta a los Corintios nos invita a descubrir que el momento que estamos viviendo es apremiante:

Desastre en la economía, la sociedad carece ya de cosas indispensables, la pandemia nos ha revelado signos de pobreza en los medios más necesarios, muchos mayores se han ido en soledad y otros todo un año sin poder abrazar a sus nietos. Por otro lado también hay bastantes irresponsables que bajo cualquier pretexto se quitan la mascarilla sin tener conciencia de la gravedad que tal acto conlleva.

Hay que comprometerse en las preocupaciones de este mundo y, sin hacer de ellas unos ídolos, colaborar juntos en desterrar tanto dolor que aqueja a tanta gente. Los cristianos debemos estar presentes en todas las actividades humanas pero sin agotarnos en ellas, pues estamos de camino y nuestra meta es el Cielo.

Por eso Jesús nos llama y quiere contar con nosotros para hacer presente el Reino de Dios: invitando a convertirnos y creer la Buena Noticia del Evangelio. “Venid conmigo y os haré pescadores de hombres”. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

Es la respuesta que espera de nosotros el Maestro que cuenta con cada uno.


Lecturas del día

Primera lectura

Lectura de la profecía de Jonás 3, 1-5. 10

El Señor dirigió la palabra a Jonás:
«Ponte en marcha y ve a la gran ciudad de Nínive; allí les anunciarás el mensaje que yo te comunicaré».
Jonás se puso en marcha hacia Nínive, siguiendo la orden del Señor. Nínive era una ciudad inmensa; hacían falta tres días para recorrerla. Jonás empezó a recorrer la ciudad el primer día, proclamando:
«Dentro de cuarenta días, Nínive será arrasada».
Los ninivitas creyeron en Dios, proclamaron un ayuno y se vistieron con rudo sayal, desde el más importante al menor.
Vio Dios su comportamiento, cómo habían abandonado el mal camino, y se arrepintió de la desgracia que había determinado enviarles. Así que no la ejecutó.

Salmo 24, 4-5ab. 6-7bc. 8-9

R. Señor, enséñame tus caminos.

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R/.

Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor. R/.

El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 7, 29-31

Digo esto, hermanos, que el momento es apremiante.
Queda como solución que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres, como si no se alegraran; los que compran, como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él: porque la representación de este mundo se termina.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 14-20

Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía:
«Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio».
Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, echando las redes en el mar, pues eran pescadores.
Jesús les dijo:
«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. A continuación los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon en pos de él.

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