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III Domingo de Pascua

Icono Homilias

Camino de Emaús

La fe es un encuentro con Cristo, se produce y se desarrolla en el camino de la vida ordinaria. 

Iban de camino” Lucas 24,13

La realidad itinerante del hombre está muy marcada en el mundo moderno, aunque este año por circunstancias concretas, se vean disminuidas nuestras entradas y salidas, turisticamente hablando.

Los medios de comunicación permiten el acercamiento de los pueblos, la relación de unos con otros, el intercambio de culturas, una mayor posibilidad de comprensión, diálogo y enriquecimiento cultural y hasta de fe.

Cuando caminamos o nos movemos con espíritu observador se convierte, éste caminar para nosotros, en escuela perenne. 

En el camino surge la noticia de lo que pasa; mientras caminamos, podemos pensar, rezar, enriquecernos culturalmente y ojalá, ayudar al caído siempre.

Yendo de camino, Jesús se hizo presente: su Palabra que comentaban los caminantes, era la garantía de esa presencia, pero ellos no se daban cuenta, caminaban con la mente embotada, por el miedo, las preocupaciones o las palabras de las mujeres que despertaban en ellos, cuanto menos, curiosidad.

Pero estos caminantes pertecen a la escuela de Jesús; con Él se han educado y aprendido y llegada la noche (oscuridad, miedo, no fe), invitan al forasteros a quedarse: “Quédate con nosotros, la noche va de caída y es peligroso seguir caminando”.

Se sentaron a cenar y en la mesa se bendijo el pan, lo partió y se lo dio (Eucaristía). 

El signo tantas veces repetido, les abrió los ojos y comprendieron; entonces se preguntaron: ¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba de camino? Jesús a través de la Palabra estaba con ellos.

La presencia personal, no despertó en ellos, lo que el signo de la Eucaristía, para que nos demos cuenta, que Dios sale al paso de nuestra vida de muchas maneras: en el encuentro con el otro, en la Palabra y sobre todo en los sacramentos, cuando los celebramos conforme a la pretensión de Jesús al instituirlos.

Les explicó, como nos explica a nosotros cada domingo su Palabra, para que podamos ser testigos de lo vivido en cada Eucaristía, en favor de aquellos con quienes nos encontremos durante la semana.

¡Importante!

Se levantaron de la postración en que se encontraban y corrieron a Jerusalén donde estaban reunidos los Once con más compañeros es decir, la comunidad de Jerusalén. 

¿Qué se dicen? ¡Es verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Pedro!

Pusieron en común lo vivido en el nombre del Señor. 

El tiempo de Pascua es en la Iglesia, el tiempo de gozarnos, poniendo en común la importancia de Cristo Vivo; cada uno, según la experiencia del encuentro con Él. 

Se trata de profundizar la fe, de convertirnos de una vez, para constantemente volver al Señor, renovando nuestro bautismo y celebrando con los hermanos, el signo de la Vida: la Eucaristía.  

A partir de ahora comienza el testimonio de los Apóstoles siguiendo este esquema: 

Hechos de los Apóstoles: 

1.- Se realiza un signo (milagro).

2.- Se explica que se ha realizado en el nombre de Cristo.

3.- Se aprovecha para evangelizar.

4.- Se predica la conversión, el perdón antes de enviarles a predicar.

En definitiva es el mismo esquema que emplea Jesús: 

1.- Se hace presente para confirmar en la fe a los discípulos.

2.- Explica que no es un fantasma.

3.- Les explica las Sagradas Escrituras.

4.- Les invita a ser testigos de ella.


LECTURAS DEL DÍA

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (2,14.22-33):

El día de Pentecostés Pedro, poniéndose en pie junto a los Once, levantó su voz y con toda solemnidad declaró:
«Judíos y vecinos todos de Jerusalén, enteraos bien y escuchad atentamente mis palabras.
A Jesús el Nazareno, varón acreditado por Dios ante vosotros con los milagros, prodigios y signos que Dios realizó por medio de él, como vosotros mismos sabéis, a este, entregado conforme al plan que Dios tenía establecido y previsto, lo matasteis, clavándolo a una cruz por manos de hombres inicuos. Pero Dios lo resucitó, librándolo de los dolores de la muerte, por cuanto no era posible que esta lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a él:
“Veía siempre al Señor delante de mí,
pues está a mi derecha para que no vacile.
Por eso se me alegró el corazón,
exultó mi lengua,
y hasta mi carne descansará esperanzada.
Porque no me abandonarás en el lugar de los muertos,
ni dejarás que tu Santo experimente corrupción.
Me has enseñado senderos de vida,
me saciarás de gozo con tu rostro”.
Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: el patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como era profeta y sabía que Dios “le había jurado con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo”, previéndolo, habló de la resurrección del Mesías cuando dijo que “no lo abandonará en el lugar de los muertos” y que “su carne no experimentará corrupción”. A este Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.
Exaltado, pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 15,1-2.5.7-8.9-10.11

R/.
Señor, me enseñarás el sendero de la vida

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios».
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano.  R/.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R/.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa esperanzada.
Porque no me abandonarás en la región de los muertos,
ni dejarás a tu fiel ver la corrupción.  R/.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.  R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro (1,17-21):

Queridos hermanos:
Puesto que podéis llamar Padre al que juzga imparcialmente según las obras de cada uno, comportaos con temor durante el tiempo de vuestra peregrinación, pues ya sabéis que fuisteis liberados de vuestra conducta inútil, heredada de vuestros padres, pero no con algo corruptible, con oro o plata, sino con una sangre preciosa, como la de un cordero sin defecto y sin mancha, Cristo, previsto ya antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos por vosotros, que, por medio de él, creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, de manera que vuestra fe y vuestra esperanza estén puestas en Dios.

Palabra de Dios

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (24,13-35):

Aquel mismo día (el primero de la semana), dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios;
iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Él les dijo:
«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».
Ellos se detuvieron con aire entristecido, Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:
«Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?».
Él les dijo:
«¿Qué?».
Ellos le contestaron:
«Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».
Entonces él les dijo:
«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.
Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:
«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron.
Pero él desapareció de su vista.
Y se dijeron el uno al otro:
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».
Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra del Señor

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