PUBLICACIONES

II Domingo de Pascua

Icono Homilias

¡Cristo ha resucitado!

Este acontecimiento histórico ha sucedido, solamente ante Dios, ningún ser humano ha sido testigo directo del momento de la resurrección. Sin embargo, podemos llegar a percibir este acontecimiento por otros caminos, y ser testigos veraces de este suceso singular.

El Resucitado se hace presente (se aparece) y los discípulos lo pueden experimentar (ver).

Con esto, los Evangelios nos sugieren que hay unos signos por los que el Resucitado se hace presente.

Para llegar a percibir estos signos es necesaria la fe.

El Resucitado pertenece ya, por tanto, a una esfera del mundo totalmente nueva, a la situación definitiva que nos espera.

No hay ningún hecho conocido en la historia que se pueda comparar con la resurrección de Jesús. 

Es algo nuevo, y además, pertenece al futuro y no al pasado, por eso no se puede, sino creer y esperar.

Uno de los signos más reveladores del Resucitado, es el estilo de vida de la Comunidad:

“Eran constantes en escuchar la Palabra, la Enseñanza de los Apóstoles, en la vida en Común, en la Fracción del Pan y en las Oraciones”

Esto surge cuando llevados por el Espíritu de Jesús, se establece una relación fraternal, hasta llegar a compartir lo que son y lo que tienen. Se manifiesta también el Resucitado, en el perdón de los pecados, es decir, en la superación que Dios ha concedido al hombre, para que camine hacia la consecución de la promesa, ya cumplida en Cristo.

Otro signo muy característicos es la Paz: paz en el interior de cada uno, paz en la relación con los hermanos, esto es la paz con Dios, que además nos constituye en instrumentos de paz para todos; así el don de la paz es un ambiente que hace posible y más autentico el reino de Dios, ya, aquí y ahora.

En definitiva el signo imprescindible para comprender todo esto es la fe:

“Porque has visto has creído, dichosos los que crean sin ver”

Ojalá sin necesidad de ningún tipo de distracción, caigamos de hinojos, postrados ante el Señor, proclamándole nuestro Dios.

Para ello es muy importante no apartarnos y perder el ritmo de la comunidad, escuchando la Palabra sobre todo en la Eucaristía; dirigiendo nuestra vida de cada día a Dios; realizando oraciones al Padre y compartiendo lo que somos y tenemos entre nosotros, sin olvidarnos de los que más necesitan: pobres, enfermos, parados, emigrantes y los que están en peligro de muerto o han ya descansado en el Señor.

Esto es nacer de nuevo conforme nos indica la carta Primera de Pedro:

“Bendito sea Dios que por Cristo, nos ha hecho nacer de nuevo”.

Gracias por todo ello sean dadas al Padre, a Cristo su Hijo Primogénito y al Espíritu Santo por medio de Él, Jesús resucitó de entre los muertos.

Y porque ese mismo Espíritu, según la Palabra de Jesús, nos resucitará con Él si seguimos su camino, damos gracias anticipadamente al Padre, causa de nuestra esperanza.

Gloria y Alabanza a Dios Padre, Hijo, y Espíritu Santo.

Renovemos nuestro bautismo que es el sacramento que nos acredita el gran don de la Vida y la Resurrección.


LECTURAS DEL DÍA

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (2,42-47):

Los hermanos perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones.
Todo el mundo estaba impresionado, y los apóstoles hacían muchos prodigios y signos. Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno.
Con perseverancia acudían a diario al templo con un mismo espíritu, partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón; alababan a Dios y eran bien vistos de todo el pueblo; y día tras día el Señor iba agregando a los que se iban salvando.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 117,2-4.13-15.22-24

R/.
Dad gracias al Señor porque es bueno, 
porque es eterna su misericordia

Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.  R/.

Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos.  R/.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Éste es el día que hizo el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.  R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro (1,3-9):

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor, Jesucristo, que, por su gran misericordia, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha regenerado para una esperanza viva; para una herencia incorruptible, intachable e inmarcesible, reservada en el cielo a vosotros, que, mediante la fe, estáis protegidos con la fuerza de Dios; para una salvación dispuesta a revelarse en el momento final.
Por ello os alegráis, aunque ahora sea preciso padecer un Poco en pruebas diversas; así la autenticidad de vuestra fe, más preciosa que el oro, que, aunque es perecedero, se aquilata a fuego, merecerá premio, gloria y honor en la revelación de Jesucristo; sin haberlo visto lo amáis y, sin contemplarlo todavía, creéis en él y así os alegráis con un gozo inefable y radiante, alcanzando así la meta de vuestra fe: la salvación de vuestras almas.

Palabra de Dios

Evangelio del domingo

Lectura del santo evangelio según san Juan (20,19-31):

AL anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en
medio y les dijo:
«Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».
Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
«Hemos visto al Señor».
Pero él les contestó:
«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
«Paz a vosotros».
Luego dijo a Tomás:
«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».
Contestó Tomás:
«¡Señor mío y Dios mío!».
Jesús le dijo:
«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Palabra del Señor

Comparte en Redes Sociales

Share on facebook
Share on linkedin
Share on twitter
Share on email