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I Domingo de Pascua

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Tanto en las religiones antiguas, como en el desacralizado mundo moderno, el hombre necesita y busca espacios de tiempo despejados para celebrar la fiesta.

El deseo de participar en ella surge, porque quiere liberarse de la caducidad de todo lo que le rodea y empalmar con un tiempo pasado o futuro que sea salvador, nos llene de paz y nos alegre el corazón.

Y es que la fiesta pretende la liquidación de un mundo viejo y la felicidad de romper lo ordinario para vivir, al menos 24 horas, de una forma extraordinaria. 

Por eso algunas fiestas están basadas en quemar o destruir algo viejo que pertenece al pasado y dar sentido a la novedad de empezar de nuevo.

Además la fiesta busca también una renovación para alcanzar el nuevo ser del hombre.

La fe cristiana no prescinde de la fiesta, pero la encaja en la historia de Jesús y llega al corazón de todo hombre. Es la superación del hombre viejo abocado a la muerte, pero no se consigue destruyendo frenéticamente cosas exteriores, sino convirtiendo el corazón al Señor.

La construcción del hombre nuevo propuesto en la vida cristiana se consigue en la identificación con Cristo, cuyo principio vital son los sacramentos, levadura nueva que renovará la masa de nuestra historia pasada.

Así, celebrar la fiesta de la resurrección del Señor, es llenar el corazón de alegría desbordante que nos llena de esperanza, pues significa que la muerte, nuestro temor, ha sido vencida, que el Justo condenado y muerto, cuando parecía abandonado de Dios, ha sido liberado de las ataduras de esa muerte y está vivo, ha resucitado para siempre.

De esta forma el libro de  los Hechos de los Apóstoles nos narra la historia de cómo aconteció todo. 

Lo que es más importante para no sentirnos defraudados, ilusionados en vano o contrariados, lo mismos Apóstoles que dieron la vida por la causa de Jesús, nos dicen que ellos mismos fueron testigos de todo esto:  “Hemos comido y bebido con él después de su Resurrección y testificamos por ello: que los que creen en Él, reciben por su nombre el perdón de los pecados”.

En la lectura del Evangelio de Juan se nos narra el desarrollo de cómo descubrieron que Cristo no estaba en el sepulcro, sino que había resucitado de entre los muertos.

No demuestran nada, ni tampoco pueden decirnos cómo aconteció el hecho, nadie fue testigo de ello sino Dios, pero nos han trasmitido los indicios que nos llevan al hecho de la Resurrección: la losa quitada; no hay cadaver; vendas de sudario en el suelo; y testigos que acreditan el hecho, como fueron: María Magdalena, Pedro y Juan. 

En tercer lugar Pablo a los Colosences saca las conclusiones propias que se derivan del acontecimiento central de nuestra fe cristiana: “Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios”.

Como conclusión: podemos decir que la fiesta cristiana consiste en haber muerto con Cristo y pertenecer a la realidad de Dios, que resucitó a Jesús y que nos resucitará a nosotros con él si seguimos su camino.

Por tanto se trata de vivir como Jesús, de ser seguidor suyo, de continuar y completar su obra inacabada por la precipitación de su muerte y lo que es más importante: ser testigos con nuestra vida palabra y obra, de todo el acontecimiento de Jesús.

Para todos, enfermos, cuidadores, familia y feligreses os deseamos de corazón unas felices fiestas de Pascua de Resurrección, sin ningún miedo ni temor aunque tengamos que vivirlas en lo más hondo de nuestras almas, confinados.

Os lo deseamos de corazón los Sacerdotes.


LECTURAS DEL DÍA

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (10,34a.37-43):

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: 
«Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.
Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén. A este lo mataron, colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió la gracia de manifestarse, no a todo el pueblo, sino a los testigos designados por Dios: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos.
Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos. De él dan testimonio todos los profetas: que todos los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 117,1-2.16ab-17.22-23

R/.
Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.  R/.

«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa».
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.  R/.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.  R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (3,1-4):

Hermanos:
Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.
Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos, juntamente con él.

Palabra de Dios

Secuencia

Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.

«¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?»
«A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,

los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua.»

Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia 
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.

Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa.

Evangelio del domingo

Lectura del santo evangelio según san Juan (20,1-9):

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: 
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.
Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos. 

Palabra del Señor

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