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V Domingo de Pascua

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En el trabajo apostólico tres son los defectos que debemos evitar y una la proposición ineludible que debemos conseguir y vivir si queremos que nuestros trabajos den fruto y éste sea abundante:

Defectos:

  1. Hay que evitar caer en un espiritualismo que cobijándose en Dios deja todo en sus manos, salvando así la propia responsabilidad de colaborar y realizar todo como si dependiera de nosotros, pero sabiendo que estamos en las manos del Señor de quien viene nuestra fuerza y quien hace que fructifiquen nuestros esfuerzos.
  2. Otro extremo es convertirnos en trabajadores, puede ser que incansables, como si todo dependiera de nuestro trabajo, sin confiarnos a quien es la luz, la fuerza y el sentido del trabajo que realizamos. La extensión en el trabajo pierde proporcionalmente intensidad y profundidad, ya que no todo es hacer, sino saber recurrir al proyecto origen de la obra a realizar, que en este caso es Dios.
  3. Un tercer defecto que hace infructuoso nuestro trabajo, es la rutina de quien no profundiza ni pone corazón y vida en aquello que realiza, sino que es formal en las horas trabajadas y en la obra bien consumada, pero la efectúa como un barato funcionario sin corazón y vida a transmitir de manera apropiada, conforme al trabajo realizado.

Proposición para un trabajo apostólico eficaz y verdaderamente cristiano:

La unión con Cristo, sabiendo que la eficacia depende de Él, aunque todo el trabajo depende de nosotros.

¡El sarmiento y la vid! El sarmiento da fruto unido al tronco. Si está apartado de él se seca y el fruto no llega a madurarse.

Jesús es el tronco y nosotros los sarmientos. El fruto es el resultado de nuestro trabajo si lo realizamos unidos a Cristo, con su fuerza, desde su luz y sin faltarnos su gracia.

Somos obreros en la viña del Señor, contratados, pero bajo la orientación y supervisión, con el pago y el aprecio pertinente del supervisor que no tiene otro cometido que hacer la voluntad del propietario.

¡Dios es el Dueño!
¡Jesús, su encargado!
¡Nosotros obreros en su viña, que es el mundo al que hemos sido enviados!

La fe en Cristo nos hace entroncarnos a Él, como el sarmiento a la vid. Esta comunión con Él nos empuja a vivir su misma vida en el amor mutuo. El servicio fraternal es el fruto abundante que ha de producir el estar injertados en Cristo, creer en Cristo equivale a amar a los otros como Él mismo nos ha amado: sanando, perdonando, dando vida, haciendo el bien, iluminando, sirviendo, dando la vida por todos.

Ejemplo de este hacer nuestro, es Pablo de Tarso:

Perseguía a los cristianos, pero el encuentro con el tronco, Cristo, cambió su vida. Se convirtió en testigo hasta como el mismo Cristo, entregando su vida por la causa del Evangelio.

Sus frutos hasta hoy han llegado a nosotros y por eso, estamos agradecidos intentando que nuestros trabajos se realicen desde el mismo encuentro y la misma fe en Cristo, la Vid de nuestra vida.

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Lecturas del día.

Primera lectura
Lectura de los Hechos de los Apóstoles 9, 26-31

En aquellos días, llegado Pablo a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos, pero todos le tenían miedo, porque no se fiaban de que fuera realmente discípulo. Entonces Bernabé se lo presentó a los apóstoles.

Saulo les contó cómo había visto al Señor en el camino, lo que le había dicho y cómo en Damasco había predicado públicamente el nombre de Jesús.

Saulo se quedó con ellos y se movía libremente en Jerusalén, predicando públicamente el nombre del Señor. Hablaba y discutía también con los judíos de lengua griega, que se propusieron suprimirlo. Al enterarse los hermanos, lo bajaron a Cesarea y lo enviaron a Tarso.

La Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaria. Se iba construyendo y progresaba en la fidelidad al Señor, y se multiplicaba, animada por el Espíritu Santo.

Salmo
Sal. 21, 26b-27. 28 y 30. 31-32

R. El Señor es mi alabanza en la gran asamblea.

Cumpliré mis votos delante de sus fieles.
Los desvalidos comerán hasta saciarse,
alabarán al Señor los que lo buscan:
viva su corazón por siempre. R.

Lo recordarán y volverán al Señor
hasta de los confines del orbe;
en su presencia se postrarán
las familias de los pueblos.
Ante él se postrarán las cenizas de la tumba,
ante él se inclinarán los que bajan al polvo. R.

Me hará vivir para él, mi descendencia le servirá,
hablarán del Señor a la generación futura,
contarán su justicia al pueblo que ha de nacer:
todo lo que hizo el Señor. R.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del Apóstol San Juan 3, 18-24

Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras.

En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestra conciencia ante él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo.

Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios. Y cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.

Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó.

Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.

Evangelio del día
Lectura del santo Evangelio según San Juan 15, 1-8

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.

Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.

Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.

Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará.

Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos».

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