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Segundo Domingo de Navidad – 2021

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  1. Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron.
    Querido Padre, Dios: algo tiene que pasar para que habiendo tanto amor, tanta sabiduría y tanta entrega por tu parte, las cosas no hayan salido según tu proyecto.

    Cuando por parte del Padre hay tanto cuidado y, sin embargo, las cosas se tuercen, es que debe fallar la otra parte.

    Nos han hecho tan grandes que con facilidad nos aturdimos y siempre tenemos la tentación de confundirnos y, en lugar de ser criaturas, apostamos por ser señores. La libertad de la que nos dotaste es tan grandiosa que la empleamos mal y, en lugar de secundar tus plantes, optamos por los nuestros, unas veces porque nuestra mente esta embotada por las cosas del mundo, otras porque nos acechan tentaciones y hay veces que parece que despegamos pero nuestra autosuficiencia vuelve a engañarnos.

    El caso es que te haces uno de nosotros, nos marcas el camino, te pones por delante allanándolo y suavizándolo, y nosotros no te recibimos. Nuestra libertad nos engaña y traiciona.

    Por todo ello, en estos primeros días de año y para empezar de nuevo contando con tu gracia, de todo corazón, te pedimos nos perdones tantas equivocaciones y desvaríos.

  1. A cuantos lo recibieron les dio poder de ser hijos de Dios.
    Nuestro agradecimiento se multiplica a medida que vamos conociendo y profundizando en el gran don de ser hijos tuyos, y por si fuera poco además herederos del Padre y coherederos de Cristo. Es como jugar a la lotería sabiendo de antemano el número que va a ser premiado.

    Sabemos de nuestro futuro, pero además ese futuro lo vamos gestando cada día, y por tanto, la felicidad que esperamos ya la experimentamos aquí y ahora porque contamos con Cristo, causa de nuestra felicidad.

    Gracias Señor por poder contar contigo y asegurarnos el ser felices ya y para siempre.

  2. Si creen en su nombre.
    La clave de todo está en que no sólo depende de Dios sino que nos ha creado a su imagen y semejanza, por tanto, libres y Dios no nos va a violentar esa libertad.

    El emplearnos bien o mal depende de nosotros y si nos encontramos débiles en su ejercicio, contamos con la ayuda de su gracia que fortalece nuestra debilidad, si se lo pedimos y abrimos nuestro corazón para recibir ese don.

    De esta forma, creer es confiar;  creer es comprometerse;  creer es seguir los pasos del Maestro que se ha puesto a la cabeza de la marcha y que nos brinda la posibilidad de un mundo nuevo;  creer es conocer al Amigo y contar con Él, escucharle, relacionarnos y aprender de Él, porque nos brinda gratuitamente su gracia;  creer es, por tanto, poner en práctica su estilo de vida;  creer es amar o, lo que es lo mismo, ponernos en el lugar del otro y tratarlo como nos gustaría ser tratados, si nos encontráramos en esa situación;  creer es compartir lo que somos y tenemos;  creer es servir;  creer es, en definitiva, construir el mundo nuevo que Dios Creador pensó (armonía en la relación con Dios, con los demás y la naturaleza) empezando por ser hombres nuevos, cada uno de nosotros.

    Buena ocasión para empezar inaugurando nuestro nacimiento con Jesús y nuestro crecimiento con Él en la instauración y consolidación del nuevo mundo, que Jesús llamó, el Reino de Dios.

¡Feliz salida y entrada de año!

 

Lecturas del Día

Primera lectura
Lectura del libro del Eclesiástico 24, 1-2. 8-12

La sabiduría hace su propia alabanza,
encuentra su honor en Dios
y se gloría en medio de su pueblo.
En la asamblea del Altísimo abre su boca
y se gloría ante el Poderoso.
«El Creador del universo me dio una orden,
el que me había creado estableció mi morada
y me dijo: “Pon tu tienda en Jacob,
y fija tu heredad en Israel”.
Desde el principio, antes de los siglos, me creó,
y nunca más dejaré de existir.
Ejercí mi ministerio en la Tienda santa delante de él,
y así me establecí en Sión.
En la ciudad amada encontré descanso,
y en Jerusalén reside mi poder.
Arraigué en un pueblo glorioso,
en la porción del Señor, en su heredad».

 

Salmo 147, 12-13. 14-15. 19-20
R/. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros

Glorifica al Señor Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión.
Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R/.

Ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz. R/.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos. R/.

 

Segunda lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 3-6. 15-18

Bendito sea el Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en Cristo
con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos.
Él nos eligió en Cristo, antes de la fundación del mundo
para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor.
Él nos ha destinado por medio de Jesucristo,
según el beneplácito de su voluntad,
a ser sus hijos,
para alabanza de la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido en el Amado.
Por eso, habiendo oído hablar de vuestra fe en Cristo y de vuestro amor a todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mis oraciones, a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos.

 

Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 1-18

En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios.
Él estaba en el principio junto a Dios.
Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.
En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.
El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.
En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció.
Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.
Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.
Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne,
ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.
Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él y grita diciendo:
«Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».
Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.
Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos ha llegado por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

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