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Cuarto Domingo de Adviento

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Estamos ya a las puertas de la Navidad. 

Quien más quien menos ya ha preparado el nacimiento, el árbol, adornos, etc., aunque este año tenga, por la dichosa pandemia, su singularidad. Mejor arreglar por dentro lo que no vamos a poder disfrutar fuera.

Precisamente de esto nos habla la primera lectura del 2º libro de Samuel, pero con una profundidad que delata nuestra manera de actuar y la corrige invitándonos a actuar correctamente de parte de Dios.

Este es el tema:

David se estableció en el palacio y tuvo una época de prosperidad con sus enemigos. En su buena voluntad, cayó en la cuenta de que él vivía en palacio y el Arca de la Alianza la tenían en una tienda provisional y pobre.

¿Cómo voy a vivir yo en un palacio y el Arca de la Alianza, que es el símbolo de Dios, va a estar en una tienda?

Siempre cuando nos dejamos llevar de nuestra buena voluntad y no escuchamos a Dios reaccionamos de la misma manera: “regalo una corona a la Virgen”, “enciendo unas velas”, “compro un manto de lujo”, etc. etc. y eso no es lo fundamental sino que lo que importa es escuchar a Dios y cumplir su voluntad. 

La recriminación que el profeta hace a David, en el nombre de Dios, no es desagradecimiento sino que lo que quiere indicarle es que está equivocado.

¿Tú vas a hacerme una casa a mí? ¿No soy Yo el que te ha sacado del aprisco de ovejas y te ha ensalzado? Deja de hacerme una casa y mejor cumple mi voluntad en todo.

De una manera más explícita, y entendido por Maria a la perfección, se hace la propuesta.

¡Quiero venir!, dice Dios, ¡quiero vivir en ti!, le dice a María, y María no reacciona comprando oros o platas, ni siquiera haciendo una casa, sino ofreciéndose Ella como Casa al Dios que quiere encarnarse.

Y fue Navidad, nació Jesús de María y se hizo hombre y habitó entre nosotros siendo, por voluntad de Dios y el Fiat de María, hombre de nuestra raza.

Se hizo hombre siendo Dios para que nosotros los hombres nos divinicemos dejando que Dios actúe en cada uno de nosotros.

Esto es Navidad:

Dios que quiere estar en nuestro mundo, que necesita de corazones donde encarnarse, no de cosas o casas, sino de hombres donde nacer, crecer y vivir para, estando en nuestro mundo, poder vivir con nosotros con todo lo que esto significa:

  • Liberación y salvación de pobres y oprimidos.
  • Auxilio de débiles y solos.
  • Luz de tanta gente desorientada.
  • Vida de tantos que malviven, y
  • Esperanza de vida para siempre

¡Ábrete a Dios!, dile SÍ y será Navidad en tu vida.

Lecturas del día.

Primera lectura

Lectura del segundo libro de Samuel 7,1-5.8b-12.14a.16

Cuando el rey David se asentó en su casa y el Señor le hubo dado reposo de todos sus enemigos de alrededor, dijo al profeta Natán:
«Mira, yo habito en una casa de cedro, mientras el Arca de Dios habita en una tienda».
Natán dijo al rey:
«Ve y haz lo que desea tu corazón, pues el Señor está contigo».
Aquella noche vino esta palabra del Señor a Natán:
«Ve y habla a mi siervo David: “Así dice el Señor: ¿Tú me vas a construir una casa para morada mía?
Yo te tomé del pastizal, de andar tras el rebaño, para que fueras jefe de mi pueblo Israel. He estado a tu lado por donde quiera que has ido, he suprimido a todos tus enemigos ante ti y te he hecho tan famoso como los grandes de la tierra. Dispondré un lugar para mi pueblo Israel y lo plantaré para que resida en él sin que lo inquieten, ni le hagan más daño los malvados, como antaño, cuando nombraba jueces sobre mi pueblo Israel. A ti te he dado reposo de todos tus enemigos. Pues bien, el Señor te anuncia que te va a edificar una casa.
En efecto, cuando se cumplan tus días y reposes con tus padres, yo suscitaré descendencia tuya después de ti. Al que salga de tus entrañas le afirmaré su reino. Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo.
Tu casa y tu reino se mantendrán siempre firmes ante mí, tu trono durará para siempre”».

Salmo 88, 2-3. 4-5. 27 y 29

R/. Cantaré eternamente tus misericordias, Señor.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dijiste: «Tu misericordia es un edificio eterno»,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R/.

«Sellé una alianza con mí elegido,
jurando a David, mi siervo:
Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades». R/.

«Él me invocará: “Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora”.
Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 16, 25-27

Hermanos:
Al que puede consolidaros según mi Evangelio y el mensaje de Jesucristo que proclamo, conforme a la revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos eternos y manifestado ahora mediante las Escrituras proféticas, dado a conocer según disposición del Dios eterno para que todas las gentes llegaran a la obediencia de la fe; a Dios, único Sabio, por Jesucristo, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».
Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel.
El ángel le dijo:
«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».
Y María dijo al ángel:
«¿Cómo será eso, pues no conozco varón?».
El ángel le contestó:
«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible».
María contestó:
«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».
Y el ángel se retiró.

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