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Carta de Navidad

Carta de Navidad

“Abre las puertas de tu casa: El Señor quiere formar parte de tu Familia”

Abre tu vida a Aquel que esta llamando a tu puerta para que juntos podáis recorrer unos caminos nuevos.

Déjale entrar, no es un extraño, su presencia da calor a nuestra existencia y es capaz este Niño de alegrar al mundo, de enternecer nuestra miradas y de fundir nuestras distancias y nuestros corazones de hielo.

No le tengas miedo. El miedo hay que tenerlo al sinsentido, a la falta de virtud, a la mentira, a la manipulación, a las falsificaciones de la vida que se nos quieren imponer, no así a la ternura, a la misericordia, a la entrega de la vida, a la fidelidad, al agarrar de la mano, al que sale en nuestro auxilio. En su presencia y en su amor descansa nuestro corazón.

Estamos con su visita, amasados de eternidad, ya no va a ser la soledad, el abandono, el dolor, la muerte, quien tenga la última palabra, ¿nos damos cuenta? En este Niño el cielo nos abraza y se convierte en nuestro horizonte final, el vacío se convierte en plenitud, el azar en un proyecto amoroso de comunión, el silencio en una Palabra que nos susurra y nos cobija, porque “La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”.

No estamos en el “solsticio de invierno” como dicen algunos, donde predomina el aislamiento, el ahogo en uno mismo, la ausencia de paraíso, la orfandad porque no hay padre ni madre alguno sino simplemente azar y destino, sino en la primavera floreciente de la esperanza, de la amistad, de la vida sanada, curada y compartida.

Es Navidad, por mucho que el laicismo imperante, intolerante e impositivo, nos lo pretenda ridiculizar y ocultar.

Es Navidad por mucho que el silencio sobre Dios pretenda encubrirlo con sustituciones infantiles y a veces grotescas, reír por no llorar, aunque viéndolo se entristezca el alma y nos restreguemos los ojos ante estos intentos llenos de incultura y desfachatez.

Es Navidad, aunque el consumo desaforado, pueda ser una huida que ahogue lo fundamental o lo disimule.

Es Navidad, aunque estemos con el corazón dolorido y con muchas cicatrices, con ausencias sonoras, con preguntas que se convierten en gritos, pero que un Niño las escucha, las guarda en el corazón y comparte con nosotros con lágrimas de ternura, porque ya no le somos extraños, ni desconocidos: Tanto amó Dios al mundo que nos entregó a su Hijo para nuestra salvación.

Es Navidad, porque en este Niño hay redención, hay sanación, en su debilidad nos hacemos fuertes, invencibles, porque hay salida, hay respuesta, ya nunca estaremos solos ni huérfanos, ni abandonados.

Cristo es parte de nuestra familia, de tu familia, es Emmanuel: “Dios con nosotros”, en su momento no encontró posada y hoy le abrimos nuestras casas y le invitamos a que tome posesión: “ésta es tu casa”. Nunca nos decepcionará y con su presencia inundará de calor y de luz la vida.

Feliz Navidad, recibid un cordial saludo de vuestros sacerdotes de Santo Tomás Moro, os sentimos cercanos, cada vez respiramos más ambiente familiar con todos vosotros. Muchas gracias por vuestra disponibilidad y vuestra colaboración. Juntos y compartiendo la fe nos hacemos más y mejores discípulos de Cristo en estos tiempos tan complicados y difíciles. Teniendo a Cristo con nosotros “que nos quiten lo bailao” que es la alegría de la vida y de la esperanza.

Lo dicho “Feliz Navidad”.

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