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Carta a los feligreses

Carta a los feligreses

Querido feligrés.

Ciertamente no estamos viviendo tiempos fáciles, muchos de vosotros recluidos en vuestras casas porque sois personas de riesgo y con gran dolor limitáis vuestros contactos y vuestra presencia, otros lleváis grabada esta época con la pérdida de un ser querido que os ha roto por dentro y por fuera, otros con el horizonte llenos de nubarrones marcados por la desesperanza ¿Cómo esbozar una sonrisa en medio de una pandemia y de tanto dolor?

Hay un dolor y una frustración que se nos quieren esconder, no hacer visible, ocultar y difuminar con eslóganes tipo “venceremos juntos” y tantas cosas similares, que me viene a la cabeza las palabras del salmista en la debacle de la deportación en Babilonia en el siglo VI a.C.

¡Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera!
Si me olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha;

que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no pongo a Jerusalén
en la cumbre de mis alegrías.

¡Cómo se nos va a olvidar los 60.000 muertos y tanto dolor ocultado y latente que oímos hasta sus gritos¡

Esta crisis no es más que la piel de una crisis mucho mayor: el desmantelamiento del espíritu, del alma; han barrido con lo más grande del ser humano: la verdad, la presencia en el adiós último, la misericordia compartida que no puede sustituirse con cosas banales carentes de sentido sean de palabras o hechos.

Os escribo estas palabras en la festividad de todos los santos, esas personas héroes de lo cotidiano, que se levantan temprano y preparan el desayuno para sus hijos, que su trabajo es un canto a la honradez y al servicio, que se sienten plenos de compartir las penas y alegrías en el matrimonio, que son amigos de sus amigos y por supuestos de sus familiares, que saben perdonar y comprender que todos necesitamos de la misericordia; esos, que son tantos, que no pueden salir en los medios de comunicación, ya que está ocupado por lo estridente, lo que aumente la audiencia; al final siempre el dinero, lo estrambótico o lo que sirva para ridiculizar al que se opone.

Estas personas tan cotidianas, que van a misa, porque necesitan de una palabra que les oriente y sane el corazón, que son capaces de dar limosna porque entienden que una parte de sus bienes pertenecen a los que no lo tienen, que siempre están ahí, aunque no los llames.

Queridos feligreses estamos llamados a ser santos, es decir; a ser buenas personas, personas con la gracia del Espíritu. Que no nos cansemos de mirar al cielo para ver las cosas con los ojos de Dios, si no “estamos apañados”. Tenemos muchos motivos para estar desanimados, a veces irritados, pero nunca desesperanzados, y el motivo es “que no caminamos solos” como dice una canción, estamos siempre acompañados no simplemente por los malos, sino por todos los santos, aquí en la tierra y con la intercesión de aquellos que están en el cielo.

Echamos mucho de menos a muchos de vosotros, porque son ya varios años los que se ha cosido un cariño y una amistad que proviene de la fe y de tareas compartidas, nos acordamos de todos vosotros que habéis compartido muchos años con nosotros, y que ahora: catalogados como “personas de riesgo” y lo somos, vemos limitado vuestro movimiento y nos seguís por YouTube cuando retransmitimos la misa de 11:00 h de los domingos, estáis en nuestras oraciones, de todos vosotros que sentís que os faltan horas, como nos han contado varios, y que no paráis de entregaros, de servir y de ser una ofrenda para todos los de vuestra casa, gran tarea de todos vosotros, que ahora os han declarado casi autores de todos los males del mundo y parte del extranjero.

Quiero junto con mis compañeros mandaros un abrazo inmenso, daros las gracias porque hemos sentido detrás de nosotros vuestro aliento y vuestra oración.

Son tiempos nuevos y que nos presentan muchos retos, nuevos modos de relación, de estar en contacto, de desarrollar la creatividad en las catequesis, nada nos va a separar “porque todo lo podemos en Aquel que nos conforta”.

Os rogamos estar atentos a nuestros medios de comunicación parroquiales, donde pondremos todas las novedades que salgan y nos pueda ayudar a seguir estando vivos en la comunidad de la Parroquia de Santo Tomás Moro, a quien le pedimos que ruegue por todos.

Que el Señor os bendiga.

Pedro Matarranz.

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