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Ascensión del Señor

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Evangelio segúngún san Mateo (28,16-20), del domingo, 24 de mayo de 2020

El subir al cielo o bajar al abismo, responde a un lenguaje precientífico, donde el cielo responde a lo desconocido, por  tanto, lugar del Dios misterio; el fondo de la tierra es también desconocido, por tanto, es el lugar  de lo condenado, lo oscuro; el cielo es bonito, iluminado, cambiante, con expresiones de vida que satisfacen e irritan al hombre; del cielo baja la lluvia, el granizo, en el cielo tiene su sede el sol, la luna, las misteriosas estrella. Es una concepción mítica del universo.

El cielo es la sede de Dios. 

Científicamente sabemos, que aunque subamos a otros planetas, satélites u otros sistemas, a Dios no le encontraremos; Dios pertenece a otra dimensión, que no es objeto de la ciencia, sino que pertenece, a la dimensión de la experiencia, la verdad y la fe. Es decir, a la verdad espiritual; y el ser humano, muchas veces insatisfecho y vacío por tanto, materializado, porque las cosas no les satisfacen, aunque las necesitemos y tengamos para servirnos de ellas, no puede vivir para poseerlas porque termina poseído; y al experimentar ese sin sentido que nos produce, cuando a ellas nos entregamos, buscamos aquello que realmente y únicamente puede llenarnos: los valores del espíritu o lo que es lo mismo. Dios.

El hombre nunca llegará a alcanzar la madurez que persigue en la vida, y sin embargo es un proyecto que va realizando a lo largo de su existencia, hasta la la plenitud de la Vida en el encuentro con Dios. 

La esperanza no es una nueva lejanía que se intuye, sino que es un quehacer, el compromiso actual del hombre de caminar hacia la meta que se nos propone: la VIDA en la casa del Padre.

La Ascensión de Jesús nos revela, que la plenitud, solamente la alcanzaremos al final y que además, es un don de Dios. De Él venimos, ojalá en Él vivamos y lo que es sin duda, hacia Él vamos. 

Jesús resucitado y subido al Cielo es la garantía de la promesa que esperamos, pero es, a la vez, un proyecto de acción, un quehacer, una tarea sin dilación.

¿Qué hacéis hay mirando al cielo? “Como me habéis visto ir volveré a vosotros” 

Mientras: “Id y haced discípulos míos, sabiendo que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.

La respuesta del que quiera ser discípulo del Señor, pasa por la escucha de la palabra que ilumina, interroga y nos da vida, nos indica el camino y nos abre los ojos para entender el sentido de nuestra existencia, la meta que colmará nuestra esperanza y el camino a seguir, que es Cristo mismo.

Pero inmediatamente de la Palabra, se hace imprescindible el bautismo, que es la opción personal y libre por Cristo, por el estilo de vida que nos ofrece, por la participación en la comunidad de la Iglesia, que tiene como quehacer, terminar la obra que Jesús dejó inacabada, construyendo aquí y ahora, el Reino de Dios, con la alegría de trasmitirlo a todos, ya que por el mismo bautismo, a todos nos ha hecho sus hijos, hermanos, por tanto entre nosotros, todos los bautizados, familia de Dios.

Sin ningún temor ni miedo porque Él está con nosotros, nadie podrá contra nosotros. Está dentro de cada uno, todos los días de nuestra vida, hasta el fin del mundo. Está presente en la misma palabra, en cada uno de los sacramentos, en lo hermanos y en definitiva, donde el quiera hacerse presente. 

Fue el testamento de Jesús, un testamento de universalidad: “Haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre de Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”.

La evangelización, por tanto, es la predicación de la Buena Noticia a los diferente pueblos y culturas sin trastornarlos en su identidad específica. Es la obra del Espíritu que Jesús nos enviará desde la casa del Padre.


LECTURAS DE HOY

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (1,1-11):

EN mi primer libro, Teófilo, escribí de todo lo que Jesús hizo y enseno desde el comienzo hasta el día en que fue llevado al cielo, después de haber dado instrucciones a los apóstoles que había escogido, movido por el Espíritu Santo. Se les presentó él mismo después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles del reino de Dios.
Una vez que comían juntos, les ordenó que no se alejaran de Jerusalén, sino: «aguardad que se cumpla la promesa del Padre, de la que me habéis oído hablar, porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de no muchos días».
Los que se habían reunido, le preguntaron, diciendo:
«Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino a Israel?».
Les dijo:
«No os toca a vosotros conocer los tiempos o momentos que el Padre ha establecido con su propia autoridad; en cambio, recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y “hasta el confín de la tierra”».
Dicho esto, a la vista de ellos, fue elevado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Cuando miraban fijos al cielo, mientras él se iba marchando, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:
«Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 46,2-3.6-7.8-9

R/.
Dios asciende entre aclamaciones; 
el Señor, al son de trompetas

Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor altísimo es terrible, 
emperador de toda la tierra.  R/.

Dios asciende entre aclamaciones;
el Señor, al son de trompetas:
tocad para Dios, tocad; 
tocad para nuestro Rey, tocad.  R/.

Porque Dios es el rey del mundo:
tocad con maestría.
Dios reina sobre las naciones, 
Dios se sienta en su trono sagrado.  R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (1,17-23):

Hermanos:
El Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder en favor de nosotros, los creyentes, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, poder, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no solo en este mundo, sino en el futuro.
Y «todo lo puso bajo sus pies», y lo dio a la Iglesia, como Cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que llena todo en todos.

Palabra de Dios

Evangelio del domingo

Conclusión del santo evangelio según san Mateo (28,16-20):

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron.
Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
«Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.
Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».

Palabra del Señor


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